¿Quienes son estos grupos de jóvenes de entre 11 y 25 años que buscan identificarse con una vestimenta específica, el peinado o el maquillaje?
Ciertamente los nuevos jóvenes están en la búsqueda de identidades que los diferencie con el resto de las personas, un grupo de pertenencia que los contenga y los haga sentir parte. Estos grupos sociales aparecen como fortalecedores de las identidades individuales.
Los Hippies se revelaban al sistema y querían la paz, ¿y las tribus urbanas de hoy?
Pregunta que no resulta tan fácil responder pues las nuevas tribus a simple vista no cumplen ninguna función en el plano estatal. Su ideología no es política, sino más bien cultural.
No podemos calificar de negativas la participación de las personas en tribus urbanas mientras en ellas permanezca el valor a la vida y la dignidad humana, aunque en algunas de ellas, se siente la escasez.
Los jóvenes de las últimas décadas del siglo pasado sin duda encontraban formas de divertirse muy diferentes a los jóvenes del siglo XXI. Diferencia que viene de la mano con la evolución de la sociedad y tiene sus bases en el surgimiento de las libertades individuales, en la cultura de la imagen y en las nuevas formas de vida en la cual la tecnología no está exenta.
¿Cuál es el grado de importancia de la tecnología con respecto a las nuevas relaciones humanas?
Las últimas invenciones tecnológicas nos cambian la forma de pensar el mundo, nos han ampliado la visión del mundo, no solo porque nos acerca, nos contacta sino porque además nos proporciona nuevos recursos para entablar relaciones nuevas.
Como expresa Marshall Mc Luhan, un filósofo del último siglo: “todos los artefactos del hombre –sean lenguajes, o leyes, o ideas e hipótesis, o herramientas, o ropas, o computadoras- son extensiones del cuerpo humano o de la mente. El hombre, el animal que fabrica herramientas desde hace largo tiempo se ha dedicado a extender uno u otro de sus órganos sensoriales de tal manera que perturba sus demás sentidos y facultades”. Entonces no podemos entender las nuevas formas de vínculos sino entendemos que es lo que hace la tecnología con nosotros.
Al mismo tiempo, la educación está atravesando una crisis institucional incapaz de adaptarse a los tiempos que corren. Tal vez los padres posmodernos no están lo suficientemente preparados o dispuestos para la enseñanza de sus hijos. La familia que en otras épocas resultaba contenedora y formadora, al igual que la escuela; hoy cumplen ese rol las tribus urbanas, los amigos e incluso la computadora.
Los padres y docentes se encuentran alienados de la tecnología, de las nuevas estructuras sociales que se desarrollan y más aún de sus propios niños. Siguen reproduciendo obsoletos modelos de familia, de comunidad, modelos que no se adaptan a los tiempos que corren.
Así, lo tecnológico nos va modificando, y es por eso que no podemos entender las relaciones humanas de la misma manera que cuando ciertas innovaciones aún no estaban a nuestro alcance.
Al referirnos a las tribus urbanas del presente observamos que los nuevos medios de comunicación influencian significativamente en el “ser” cotidiano. Si tomamos como muestra un grupo específico de las ya mencionadas “tribus urbanas” vemos que un sector surge a partir de la interacción con el espacio virtual de Internet y más específicamente con el “blog”. Son los denominados “Floggers”, justamente por pertenecer a una comunidad virtual como es el “Fotolog”, un sitio Web donde cualquier persona puede crear un espacio y subir fotos, audios, video e incluso escribir en el. Pero la práctica de los Floggers, va mucho mas allá de eso, se trata de mostrar este sitio a la mayor cantidad de internautas posibles y que ellos lo firmen o dejen algún mensaje publicado allí. Con esto intentan ser lo mas popular posible, esto es lo que se admira, la notoriedad.
Muchos Floggers transitan por este espacio virtual hasta ocho horas por día y firman entre 300 y 600 “Fotolog”
Si lo pensamos estadísticamente, y tenemos en cuenta que los fotolog tienen veinte millones de visitas al mes en todo el mundo, entonces no podemos negarle la importancia de un nuevo espacio cultural que la tecnología abre paso ante nuestros ojos y los de nuestros niños, sin pedir permiso.
Las tribus urbanas comparten valores y creencias, la música y las vestimentas y realizan prácticas características para sostener sus credos.
El problema con algunos grupos urbanos es como en el caso de los “Emos”, personas que se autodefinen como seres sumamente emocionales que expresan sus sufrimientos no solo a través de lágrimas sino que pueden llegan a flagelarse, incluso corriendo peligro de muerte, ya que afirman que “a través del dolor físico pueden llegar a reparar el dolor del alma.” Cuestión que se agrava si tomamos conciencia de que estamos hablando de adolescentes y preadolescentes.
La relación entre los distintos grupos es conflictiva ya que cada uno argumenta “ser el mejor”, despertando practicas que creíamos primitivas: la discriminación, la falta de tolerancia hacia las diferencias. Estas prácticas discriminatorias van desde insultos hasta la agresión física.
Una pregunta se torna evidente: ¿Dónde están los padres mientras estos jóvenes corren peligro?
Las nuevas generaciones indudablemente están buscando con desesperación un punto de identificación y estos grupos aparecen como una posibilidad de encausar prácticas y creencias y aparentemente las religiones que en otros tiempos fueron la vía para canalizar los sentimientos de las personas, ya no pueden tomar ese papel, también sus doctrinas son obsoletas en la posmodernidad.
Entonces ¿Son perjudiciales para nuestros jóvenes la interacción en las nuevas tribus urbanas?
Sin duda podremos afirmar que ningún grupo es peligroso a simple vista, pero por sentido común, debemos comprender que como educadores necesitamos cumplir un rol que aún no hemos tomado socialmente, ser responsables del futuro próximo y por consiguiente de la educación de nuestros hijos y de las prácticas que estos llevan a cabo, no remitiéndonos a un control autoritario y castrador, pero si a formarlos como seres sociales y responsables, teniendo conciencia que la acción individual deviene en consecuencias globales.
No podemos aceptar una explicación tal como “los jóvenes de hoy no son como los de antes”, porque estos jóvenes son el producto de nuestra falta de compromiso con ellos, desde los padres, los maestros, los trabajadores de Medios y las organizaciones gubernamentales tenemos la responsabilidad de educar en “el amor” y que nosotros debemos ser los protagonistas fortalecedores de la identidad individual y la libertad responsable de nuestros niños.
Por Nicolás Torrieri
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