El libro de Truman Capote, “A sangre fría” podemos clasificarlo según la definición de Tomás Eloy Martínez como una ficción verdadera, ya que “el gesto de apropiación de la realidad es más evidente y su interdependencia con el imaginario de la comunidad dentro de la cual el texto se produce y con el momento en el cual se produce es, también, mucho más clara”.
El autor pasó seis años siguiendo de cerca el caso y hablando con los personajes del pueblo, un trabajo de campo excepcional que hubiera podido ser evitado con solo recurrir a la imaginería fantástica.
Basada en la realidad narra una historia, o mejor dicho narra infinidad de historias simultáneas, la de cada uno de los personajes, sus sueños, sus convicciones y hasta su forma de actuar y lo realiza utilizando un lenguaje urbano que provoca una vertiginosa lectura. Utiliza descripciones minuciosas de gran realismo que atrapan al lector en la historia aunque ofrece su visión personal de los acontecimientos de la forma más objetiva posible.
Recurre a la doble temporalidad, va y viene del presente al pasado para explicar el ser de cada personaje y cada una de las situaciones de una forma no lineal, sino mas bien en una forma casi “hipertextual” navegando y rompiendo las fronteras de la temporalidad de la historia.
La novela cuenta historias paralelas, historias no tomadas de la ficción sino de la realidad. Tal vez ese sea el motivo por el cual la sensación que se produce en el lector es de un realismo extremo, comprometido con el texto, con la historia y sintiendo a cada uno de los personajes.
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